martes 1 de julio de 2008

Divagaciones de un misántropo sentimental. Parte I





Enciendo la radio, una vieja canción invade mi cuerpo haciendome ver el mundo desde otra perspectiva. Hoy le he mandado un mensaje, al igual que ayer... un mes ha pasado desde que dejase de contestar a mis llamadas. La tristeza recorre mi esencia por momentos, claro que por momentos también desaparece volviendome un ser extrañamente eufórico. Y sus rizos brillan por el cristal de mi ventana, pero ya no es ella, es el cruel reflejo de este sol maldito del sur.
Mi habitación está revuelta, hace varios dias que no piso la calle. Tal vez debería salir, sin nadie, dar un paseo en solitario, con el único acompañamiento de mis pasos.
Una camiseta a rayas servirá, botines sucios testigos de tantos andares, ciudad oscura envuelta en luz potente. Unas calles mediocres saludandome con sus resquicios rotos. Mientras camino observo las estatuas amenazantes que me apuntan con el dedo, y entonces llego hacia el comienzo de aquel pasado que se fue.
Una plaza y un banco, miro la estampa y recuerdo el momento, hace exactamente un año. Como dos espectros transparentes me descubro sentado con ella..ambos figuras fantasmales fundidas en un mismo abrazo.¡A la mierda! Como un cobarde escapo del lugar preso de un sentimiento frustrante.
Mi camino se dispersa, sentado en otra plaza, en otro banco, acabo iluminado por la luna rodeado de naranjos muertos. Estoy solo, definitivamente vuelvo a estar solo ¿Pero no es acaso esto lo que el hombre necesita? ¿No es la soledad el único remedio para encontrar la libertad? Intento convencerme a mi mismo pero soy demasiado obstinado en mis depresiones.
De vuelta a casa recorro los adoquines en zig zag, cualquiera diria que el alcohol da ordenes a mi espíritu. Soy un degradado y sucio borracho de esperanzas muertas.
Sordo entre los sordos, ciego entre los ciegos...estoy fuera de mi hasta que una dulce y delicada flor pronuncia mi nombre en la lejanía...
-¿Dante?-Los ojos en blanco delatan mi ausencia, mi falta de mundo...-¡Dante espera!- Grita con una dulzura rabiosamente insoportable. Oh mi Beatriz...¡Has vuelto a mí!
-Beatriz...-Le digo moviendo torpemente los labios.
-Si...creia que no te volvería a ver...- Será estúpida, sólo tenias que responder a mis llamadas
-Te he llamado cada dia pero...
-Shh, lo se lo se, no digas nada, ya sabemos que ese tema está más que acabado ¿Tu que tal estás? Te veo...te veo demasiado delgado- Sonrio poniendole una de mis mejores caras. Pido a Dios que me ayude en estos momentos de esquiva alegria. Miro tras ella, un grupo de amigos la esperan, miro tras de mi, ni siquiera mi sombra me sigue.
-Estás muy bien acompañada...
-Oh si, son unos viejos compañeros de la escuela, habiamos pensado en salir a tomar algo...Oye en serio, ¿Cómo estás?
-Estaría mejor si hubieses contestado mis llamadas
-Vamos Dante, olvidalo ¿Recuerdas aquella película? Si, la vimos juntos, esto es exactamente igual, quedate con lo mejor de todo lo que hemos vivido, no te empeñes en intentar que vuelva, es inútil...no se puede volver al pasado, recuerda que si miras hacia atrás corres el peligro de convertirte en estatua de sal...
-Claro Beatriz, lo que tu digas... tu siempre tenías razón...me voy.
-¿A donde vas?
-A mi casa, a dormir...no todos tenemos la misma capacidad cerebral para guardar en archivadores aquello que no nos gusta...
-Dante es una pena que te marches así...
¡Una pena! Si, es cierto ¡Me voy, me voy!- Me mira con ojos de animal abandonado en mitad de una carretera desértica. Me giro y continuo caminando en zig zag.
-Chao Dante...- Sus últimas palabras me rompen el alma ¿Chao Dante? ¿Eso es todo? ¿Un año compartiendo fluidos y ahora me dices un irónico y debastador "chao"?
¡Estúpida, estúpida!
Son las dos de la tarde, despierto en mi cama hambriento y despeinado. Música, necesito música...un clásico, Mile Davis para comenzar el mediodia bastará.
Enciendo el grifo, el agua cae bruscamente por los cristales humedos de la ducha. Como siempre ahí estoy yo, delante del espejo, mirándome, preguntándome quien coño es ese tipo que intenta traspasar el reflejo de mi ser...¿Es que acaso me conozco?
-¿Qué es lo que estás buscando Dante?- Me dice mi reflejo con mirada desafiante.
-Eh...-Nervioso me pierdo en mis propias palabras.¿Qué es lo que estoy buscando?-Supongo que la felicidad...
-¿La felicidad?¿Te refieres a ese estado inalcanzable y utópico para el espíritu?
-¿Utópico? Creo que no vas a poder convencerme compañero, desde el interior del espejo se deben ver las cosas muy oscuras...
-Iluso...Sabes que la felicidad no existe, ¿Crees que porque una sirena te haya besado vas a ser eternamente joven?
-Sólo quiero ducharme, no me apetece ponerme filosófico cuando estoy recien levantado...
-De acuerdo, de acuerdo, te dejo entonces...pero recuerda estas palabras viejo amigo..."El tiempo no es eterno".
Salgo de la ducha permitiendo que las gotas golpeen contra el suelo formando pequeños charcos a mi alrededor. Enciendo la televisión, la apago, me siento delante de este ordenador que tan poca estima me tiene e intento escribir un breve relato, ¿amor otra vez? te empiezas a repetir gilipollas.Afortunadamente tengo tiempo de descansar un rato antes de volver a vestirme y reunirme con todos los imbéciles de la clase de ingenieria para tomar unas cervezas.
A las diez de la noche espero en la plaza del ayuntamiento, ayer a esta hora aun no sabía que debia encontrarme con Beatriz dos calles más allá.
Ella era tan encantadora, aun recuerdo su rostro y su mirada penetrante. Había una asignatura que nunca llegué a comprender, pero allí estaba ella dispuesta a socorrerme. Lo cierto es que no sólo me salvó de suspender el curso, lo cierto es que me salvó la vida. La muy astuta rozaba su pie con mi entrepierna bajo las mesas de la biblioteca. Primero vinieron los bocados inocentes en el dedo, luego arrastraba su lengua por los poros de mi piel, al tercer dia mi entrepierna se alegraba de saludar a su diminuto pie de geisha.
-¡Hola! ¿Qué tal?- Le dijo el pie a mi ingle enroscandose lentamente hacia arriba.
-Oh...¿Sabes que yo ahora debería estar dormido?
-Lo se entrepierna pero...quiero jugar a la bella durmiente, esta vez tu harás el papel de bella y yo, pie pequeño y femenino me disfrazaré de principe azul ¿Qué te parece?
-Me parece que es hora de estudiar, estamos en una biblioteca y tu deberias estar enroscado en tu zapatilla...
-¡Entrepierna, no seas aguafiestas!¡Despierta! ¡Vive, renace de tus cenizas
!

jueves 12 de junio de 2008

Autómata Sexual



Eres un gilipollas...
-¿Por qué no haces el favor de cerrar la boca?
-¡ Imbécil ! Llevas encerrado en esta habitación intentando escribir desde hace tres semanas y no has conseguido pasar de la primera hoja
¿Quieres la coca, tal vez eso ayude a tu creatividad?
-Cuando te lo propones eres experta en destrozar la paz de esta casa
-Bueno ¿Vas a contarme de que va tu relato?
-Es una historia de amor...
-¿Amor? ¿Pero acaso tu sabes qué es el amor?
-Supongo que es todo lo contrario a lo que tu y yo estamos viviendo.
-¿Por qué no me besas?
-La locura se está apoderando de ti ¿Lo sabes?
-¡Besame tonto!
Él la agarra por la cintura y la tira contra la cama, hace calor, la lámpara está fundida .Follan hasta que suena el timbre, ella se levanta. Está desnuda y su cuerpo chorrea sudor. En topless da la bienvenida a Elías que entra apartándola bruscamente.
-¿Dónde está Edgar?
-En la habitación...
La noche asoma por el sucio ventanal. Edgar tiene las sábanas cubriendo su entrepierna.
-Quiero ver tu relato- Dice Elías visiblemente alterado.
-Aún no está terminado, tendrás que esperar.
-¿Esperar? ¡Llevo esperando más de dos meses! Por Dios Edgar que es un relato, no estás escribiendo Ulises.
-Seguro que Joyce tuvo menos dificultades, yo estoy intentando ser sincero. Estoy intentando traspasar pensamientos al papel ¿Sabes lo desgarrador que puede llegar a ser eso?
-Ni lo se, ni me importa. No quiero escuchar tus estupideces de bohemio frustrado. Los de la revista me están dando el coñazo desde la semana pasada y ya no se como esquivarlos. Vamos, te estoy haciendo un gran favor ¿Has vuelto a esnifar?
-No me queda dinero para droga, y doy gracias a que la máquina está repleta de tinta, de lo contrario me veria obligado a escribir con sangre.
-Al menos cuentame de que va tu relato...déjame decirles algo a los de la editorial.
-Es una historia de amor.
-¿Amor?- Grita Elías haciendo vibrar toda la habitación- Tus historias siempre hablan de putas, drogas y miserias ¿Por qué te preocupas ahora por el amor?
-¿El amor forma parte de la vida, no crees?
-Claro, pero no de la tuya.
-Entoncés estoy escribiendo una utopía.
-Querrás decir distopía. El amor comienza como aquel sueño quimérico, iluso, inocente. Digamos que en él todo es color. Pero después se torna negro y sucio. Como una ciudad futurista venida a menos. El amor se convierte en decadencia Edgar.
-No se cual de los dos está más acabado viejo amigo.
-Bueno tu ya rozas los cincuenta, supongo que vas directo al agujero.
-Toco fondo si, pero si por casualidad este incesante dolor vital se prolongase más de lo que debiera, recuerda compañero que debes darme la cicuta como último remedio.
-¿Por qué no dejas tu cinismo para cuando hayas acabado el relato cariño?- Dice la hermosa Casandra visiblemente agotada.
-No consigo pasar de la primera página
-Leenos algo...
-No debo hacerlo.
-Vamos Edgar, no te hagas ahora el interesante, queremos hacernos una idea de lo que escribes...
-Está bien, pero ni siquiera estoy seguro aun de como va a terminar todo esto.
-¿Es que acaso alguien lo sabe?
- El relato empieza así... ...en un viejo tren que recorre el sur de Europa un jóven perdido en la inmensidad del paisaje mantiene una conversación imaginada con la chica que tiene sentada justo a su lado. Él la mira, aquel cuerpo de mujer era parecido al mismo que Botticelli había pintado para su Venus.Un aire mediterráneo recorria el rostro de aquel ángel hasta llegar a unos pechos y caderas que harían las delicias de cualquier hombre moribundo.
La observa endemoniadamente fijo sin que ella se percate, siente el aroma de su piel, percibe la magia de aquellos labios. El amor brota por las vias de la lujuria.
Sabe que nunca se fijará en un hombre como él, pero entonces ella le habla, sus palabras son alarmantemente seductoras.
-Realmente no estás enamorado de mí, ni siquiera eres capaz de amarme en tu imaginación. Lo único que te interesa es mi carne.
-¡Yo te adoro!
-No te engañes, mírate, reconoces perfectamente las cadenas que llevas en tu interior, no eres libre. Lo dejarías todo por mi. Todo por probar el pecado que la vista te ofrece. Eres un autómata, las pasiones te llevan, te absorven, has nacido preso en tu propio cuerpo. Eres un autómata sexual.
-Una bestia salvaje le destroza el corazón. Acaba de descubrir que nunca será capaz de enamorarse, que nunca encontrará la auténtica belleza de lo hermoso.
Elías interrumpe el discurso de Edgar, visiblemente afectado no comprende ese cambio de tématica a la hora de escribir.
-¿Amor y libertad?¿Estás loco? ¡Por Dios Edgar, esto es tu ruina, tu fin!- Casandra ríe con un aire de frialdad que recorre las paredes de aquella sucia habitación.
-¿Cuál es el título del relato?
-Lo voy a titular "Autómata Sexual" lo tengo decidido...
-Esta era tu última oportunidad de salir a flote y creo que definitivamente has apretado el gatillo. Todo el mundo esperaba tu próxima novela polciaca y has acabado por lanzar tu carrera al cubo de la basura. Has destrozado tu vida con un relato de diez páginas sobre un hombre que pierde la libertad individual cuando le entran ganas de follar.¡Edgar, ya hablaremos!- Elías dando un portazo se marcha de la casa.
Casandra abre las piernas y llama a Edgar con el dedo. Juntos jadean hasta el amanecer.

martes 10 de junio de 2008

Una historia real. Parte II

Jean-Paul desesperado y embriagado de la gran fortuna que proporcionaría llevar a aquel engendro al Viejo Continente se decidió y pidió la mano a José Somoza, padre de la niña, el cual pensando siempre en la felicidad de su hija, concluyó siendo realista que no se presentaría otra oportunidad como tal para que su niña formase una familia y con alguien tan exitoso y con tanta garantía como el Señor Babbage, y, humildemente, terminó aceptando exigiendo además, un importante tesoro.Cristina Somoza no alcanzaba el metro y medio, cubierta en su totalidad de pelaje largo y negro como el azabache, además tenía el rostro desfigurado por una inflamación descomunal de la encía y la mandíbula proporcionándole un aspecto bastante simiesco. Creo que no alcanzaba por aquel entonces los catorce años de edad y a pesar de ser totalmente consciente de todo aquello que le rodeaba a penas pronunciaba palabra.Se casaron en una pequeña parroquia en la que hubo también que pagar abundantemente para que aceptasen casar por la Iglesia Católica a la ya famosa Cristina, ante la emoción de sus cinco familiares consternados por ver cómo por fin su Cristina comenzaba una vida normal y como se merecía.
En el viaje marítimo de vuelta Jean-Paul pensó encerrarla en el camarote para guardar así el secreto y la sorpresa hasta llegar a Moscú donde soñaba con presentarla ante los zares, la ató con una soga a la pata de la cama y le daba de comer en un plato que le colocaba en el suelo. En más de una ocasión, el poco afortunado con mujeres y solitario señor Babbage la montó por detrás mientras la azotaba para someterla y reía y disfrutaba llamándola "perrita" o gritándole al oído "¡Yo soy tu amo, me has costado una fortuna!" mientras ella callaba e impregnaba las sábanas en lágrimas.
Al llegar a Moscú tras una tónica como la descrita que se alargó durante meses, se apresuró por presentarla a la Zarina y ante todo el pueblo ruso que pagase su correspondiente entrada para entrar a Palacio a ver "El Eslabón Perdido". La vistió con inmejorables galas y trajes de seda, su mirada era siempre cabizbaja y realmente recordaba al semblante de un simio que ha crecido entre los barrotes de un zoo.
Por consecuencias del azar o por afirmaciones del destino, Cristina en pocos días comenzó a engordar, llevaba consigo un gran secreto dentro, pero que ya comenzaba a ser inocultable. Babbage cegado en su nuevo status social rodeado de toda una compleja aristocracia rusa tardó meses en relacionar los constantes vómitos de Cristina con la incipiente barriga que le asomaba monstruosa entre el pelaje. El monstruo está embarazado.
Tan pronto como desarrolló su evidente conclusión, el Señor Babbage corrió poseso hacia la celda donde malvivía aquella niña inocente, ni le habló, le pegó y golpeó como nunca había hecho anteriormente, ella sangraba y lloraba en silencio tirada en el suelo, mientras él le pateaba la barriga con rudeza y contundencia, tan sólo una pregunta escapó de sus labios agrietados, susurrando, casi un suspiro: ¿por qué?
Más de un mes estuvo Jean-Paul pensando en la imagen que daría de sí mismo teniendo un hijo con aquel engendro, todo lo que había conseguido en cuanto a fortuna y prestigio por la borda, sólo por la culpa de aquella estúpida y falta de carácter criatura. Rezaba fervientemente tres veces al día para que al menos Dios, su Señor, le salvase de aquella tragedia. Y tras poco más de un mes, cuando Cristina parecía que iba a parir de inmediato e irremediablemente y cuyo suceso se había filtrado a toda la sociedad rusa e incluso europea, Babbage, hombre inteligente para los negocios, se le ocurrió la única idea ventajosa que se le podía ocurrir dada aquella bochornosa situación: Decidió vender entradas a precios desorbitados para ver parir al Simio de Moscú cómo ya lo llamaban entre el populacho.
Enseguida se vendieron todas las localidades y llegó el día del parto, sobre el escenario del teatro principal de la ciudad. En primera fila: Babbage flanqueado por la exquisitez social rusa de la época. Sobre las tablas: Cristina, un prestigioso veterinario horrorizado por todo aquello y una ayudante de éste.
El parto fue provocado, para que nadie hubiese pagado en vano su entrada, y dado al pequeño tamaño de la madre fue extremadamente peligroso y complicado. Tras algo más de 3 horas de tensión, se comenzaron a oír silbidos entre el público y al fin el Doctor Ivánovna pudo tomar entre sus manos un pequeño ser, cubierto en su totalidad de pelaje impregnado y endurecido en sangre y, por supuesto, inerte. Cristina perdió demasiada sangre y fue trasladada urgentemente a Palacio donde murió horas más tarde.
Babbage en el graderío, comenzó a llorar y multitud de personas intentaban consolarle por la muerte casi simultánea de su esposa y su recién nacido hijo, aunque lo que no sabían es que cada lágrima que desperdiciaba el francés era a causa de una importante pérdida de fortuna, popularidad e incluso futuro.
Ya volviendo a Palacio, Jean-Paul tuvo su última esplendorosa idea la cual le salvaría de la pobreza para siempre y resolvería todas sus tristezas, nada más llegar, pidió hacerse cargo de los cuerpos inertes de su mujer e hijo y los llevó ante el prestigioso embalsamador Alexis Vukicevic, éste, conociendo el caso de Cristina Somoza y las riquezas del Señor Babbage pidió un importante precio por sus servicios y prometió poder venir a recogerlos ya terminados pasados tan sólo quince días.
Y así fue, pasada la quincena volvió el señor Babbage al taller de Vukicevic, allí estaban, la sorpresa de Jean-Paul era indescriptible, parecían tener vida, el color, la postura… ¡El disecado había sido perfecto!
De tal manera fue como Jean-Paul Babbage mantuvo su fortuna y prestigio durante el resto de su vida, la cual la dedicó a mostrar a la familia Babbage inmóvil y sin vida pero vestidos con inmejorables galas y recreando escenas de lo más inverosímiles y cómicas.
Y es aquí donde dejo de escribir, pues el anciano Señor Babbage, trae hoy a la Plaza de San Francisco, acá en Sevilla, al eslabón perdido y su pequeña criatura. ¡No me lo puedo perder!

Una historia real. Parte I


Jean-Paul Babbage era un hombre rudo de aspecto serio, de rostro agrietado, piel como de lodo castigado hacía ya tiempo por el Sol, hijo del mundo y patriota de ningún país, nacido, según contaba, en algún pueblecito marinero de la Aquitania francesa. El pelo negro, moteado por canas, la piel morena y una nariz grande y aguileña que atendía tanto al tópico galo que debería figurar en la bandera tricolor.
Se consideraba cazatalentos y viajaba por medio mundo buscando personas con un "don" especial, un extraordinario físico como podía ser una pareja de hermanos siameses, algún cuerpo con extremidades de más, o cualquier otra irregularidad enfermiza en el cuerpo de un ser humano. Los exhibía. De esta manera el Señor Babbage consiguió reunir una importante fortuna, siempre aspiró a ser aceptado por la alta burguesía de allá donde iba, ansiaba conocer monarcas y que su nombre traspasase fronteras por todo el mundo. Pero por aquel entonces otro nombre comenzó a circular de voz en voz, con más velocidad y rotundidad que el del propio Babbage, era el de Cristina Somoza, una niña de unos 13 años de edad, que habitaba en Méjico, ella, según decían, era el eslabón perdido entre el simio y el hombre, una sorpresa macabra de la naturaleza. Jean-Paul, pensó que no podría dejar escapar un negocio como tal y se apresuró en viajar hasta el país azteca para conocerla. Se apresuró para tomar el primer barco que zarpase hacia Méjico y para ello tuvo que trasladarse hasta Burdeos, curiosa sorpresa del destino que debiese volver a su provincia natal para precisamente partir hacia otro lugar aún más lejano. Aspecto elegante, escaso equipaje y nadie en el muelle que le dedicase una despedida. El gentío se apelotonaba en cubierta mientras él se dispuso a leer sentado El Banquete de Platón, obra que jamás leyó más allá de las dos primeras páginas, pero que orgullosamente exhibía en sus manos, con mirada interesada y asintiendo con la cabeza, al igual que con otros dos libros filosóficos que le regaló el socio con el que fracasó estrepitosamente en su último negocio.
El viaje se hizo largo y fatigoso pero sirvió para conocer a gente de la que le gustaba tantísimo al Señor Babbage, como un famoso joyero holandés y un prestigioso ingeniero que estaba participando en la construcción de un modernísimo transatlántico llamado Titanic.

La llegada fue deseada pero cual fue su sorpresa que nada más llegar y localizar a su ansiada joya pudo ver como el director de un circo norteamericano se le había adelantado y había ofrecido una importante suma a la humilde familia de la niña, el trato estaba prácticamente cerrado, Babbage intentó igualarlo e incluso superarlo, pero la familia mejicana estaba totalmente convencida y decidida a ser fiel a su palabra.

martes 27 de mayo de 2008

Lecciones primeras sobre metafísica




Un cuarto arrasado por la pobreza del tiempo, sábanas blancas que cubren viejos muebles gobernados por el polvo, una esquina…un espejo, allí está él, ¡jodido! La nostalgia ha montado sobre sus hombros y lo dirige por una ciudad a la deriva.
Ella baja las escaleras rápidamente, los tacones no pueden disimular su presencia. Separada, sin hijos, ha vivido una existencia fugaz, ha muerto demasiado pronto.

-¿Qué es eso?- Pregunta con la falsa inocencia pintada en su rostro.
-Esto, bueno esto se llama diafragma, es un dispositivo que regula la apertura para disparar fotografías, ¿ves?- Él le coge una mano, la acaricia suavemente, y con su cámara, vieja compañera de vivencias inmortaliza una anatomía de mujer extraordinaria.

Él, joven estudiante, apenas roza la veintena, desde el primer día cayó sumergido en los brazos de aquella mujer diez años mayor. Ni si quiera saben sus nombres, es aquel piso destartalado el único lugar en el que se desnudan. Allí follan todas las tardes, ni siquiera es importante como se conocieron. Ambos sienten el deseo, el impulso de rasgarse las pieles.

-Yo soy un metafísico
-¿Un metafísico? Pensé que eras estudiante de fotografía.
-Bueno, digamos que soy un fotógrafo metafísico

Ella sonríe. Sabe que no es precisamente el hombre de su vida, apenas lo conoce, y para más inri parece su hermano pequeño. No le importa. Se siente bien junto a él, se siente querida. Supone que le atrae la vitalidad de su juventud.

-¿No te conformas con ser simplemente fotógrafo?
-No, la imagen me interesa como forma de atrapar el pasado y adornarlo.Como forma de representar la realidad, pero… yo voy más allá, yo necesito trascender.
-¿Trascender? Vamos no te las des de interesante, eres una persona normal y corriente, lo siento mucho. No eres especial, aquí nadie habla de trascendentalidad ni espiritualidad. Aquí se habla de televisión, aquí se habla de follar, ¡por Dios, aquí se habla de carne!
- ¿Carne, si sólo te interesa la carne por qué sigues viniendo a este piso? Carne te la puede dar tu vecino, tu jefe o incluso tu compañera de piso. ¡Vamos, estoy seguro que vienes en busca de algo más!
-Sólo vengo en busca de
vida, no quiero sentirme muerta.
-Tú no estás muerta. ¿Sabes que es para mí la muerte?
-Sorpréndeme.
-La muerte es CCF.
-¿CCF?
-Cierre del campo de fenomenalidad.
-¿Lo has sacado de uno de tus libros sobre metafísica para principiantes?
-No, son horas de arduas reflexiones.
-¡Vaya! Explicame eso…
-Como el diafragma de mi cámara, su apertura capta todos los fenómenos e imágenes de la existencia. La vida es apertura, tu orgasmo es un fenómeno de esa apertura, por lo tanto estás viva. ¡Así que créeme, mientras yo siga proporcionándote placer puedes estar segura de que no estás muerta!
-¡Estás loco!
-Gracias, intento conservar mis dones.

Los tacones llegan al final del portal, ella sale a la calle. Piensa que todo lo que ocurre de escaleras arriba es una magnífica locura.
Él llora en una esquina desnudo, ¡jodido! Como cada día, nunca sabrá si volverá a verla.

viernes 23 de mayo de 2008

Misisipi Parte III. Final


Dilsey esperaba como cada noche en la puerta del porche. Charlie avanzaba sabiendo que aquella serenata de pasión sería embriagadora. Como alcohol correría el sudor de un cuerpo a otro. Su lengua inundaría de amor un pezón que se alegraba de verle.
Las piernas de Dilsey eran los paraísos perdidos y Charlie nunca había estado tan a gusto en medio de la nada. Ella tenía el pelo rizado y unos labios ¡Oh que labios!
Charlie era muy delgado, las plumas resultaban más pesadas que sus huesos. Aun así una fuerza divina le hacia levantar en peso a una mujer tan exótica como peligrosa.
Hacían el amor una y otra vez, sin darle importancia al tiempo, sin pensar en lo efímero de la vida, porque el orgasmo era una bomba de felicidad, una felicidad que nunca duraba, que siempre huía río abajo.

Frank dijo que el público estaba ansioso. Había corrido el rumor del talento que aquella guitarra desprendía y ahora todos querían escucharle. El humo decoraba el local, las cervezas volaban de una mano a otra. Todo el mundo quería ver a Charlie. Entre bastidores situaba su pajarita como nunca antes lo había hecho. Su guitarra lo miraba, su ritual de preparación no consistía más que en llevarse un cigarro a la boca y expulsar el humo mientras miraba los rostros del bullicio.
Frank salió al escenario jadeando un cúmulo de palabras vacías, de nada serviría presentar a Charlie como una estrella, su música era lo que realmente importaba, y el público sólo quería ser hipnotizado por aquel negro de sabe Dios donde.
Había venido el alcalde y la dama de honor de las fiestas del pueblo. Charlie tranquilo se terminaba de abrochar los últimos botones de la camisa. Esa noche se sentía especialmente inspirado, sabia que iba a dar ante todos un gran espectáculo, algo que nadie esperaría
El escenario quedó a oscuras, sólo un foco de luz iluminaba en forma de circunferencia la banca sobre la que se apoyaría. El silencio apareció, de un momento a otro la música comenzaría a volar por el lugar. Charlie como una sombra fantasmal se dejó ver ante la muchedumbre, comenzó a tocar.

La piel suave, así titularía el título de su nueva canción, lo acababa de decidir mientras acariciaba las nalgas de Dilsey. Juntos sudaban y gritaban contoneando sus cuerpos al ritmo de las libélulas del porche. En aquellos momentos de éxtasis Charlie entendía el milagro de la vida. Cuando estaba dentro de Dilsey el mundo recuperaba color.
La cama crujía, los muelles se estiraban despacio, apenas otorgaban un sonido apreciable en la cercanía. Dilsey y su pelo rizado brotaban rozándose despacio con las sábanas. Charlie respiraba fuertemente, aspiraba todo el aire de la noche. Los muelles aceleraban el compás.

La voz se esparció por el local llamando a la puerta de todos los oídos. Frank con un rostro estúpido dejaba entrever su entusiasmo con aquellos ojos de admiración que hablaban por sí solos. El público enloquecía, Charlie estaba tocando el mejor blues de la historia pasada, presente y futura.

Dilsey gemía, gemía, su corazón podría haber salido por la boca en aquel preciso instante, las uñas desollaban la fina espalda de Charlie, la cama crujía, crujía cada vez con más fuerza, si un ángel no bajaba del cielo y sujetaba aquella débil alcoba descenderían al más allá para seguir haciendo el amor entre las llamas del infierno.
Dos corazones a velocidad de vértigo… una voz que derribaba fronteras y un público que olvidaba sus miserables vidas con una música que nunca más se volvería a repetir.
Dilsey se desvanecía dejando caer su cabeza hacia atrás, su cuerpo desnudo era sujetado por el brazo de Charlie en medio del verano caluroso de Misisipi. La sangre fluía como fluía el río en época de diluvios…Charlie cantaba, su voz llegaba a lo más alto, un solo de guitarra lo siguió, entonces apareció la angustia, pero esta vez no era vital, la angustia era más desoladora que nunca. Charlie miró al frente, apenas sentía las cuerdas de su guitarra…Dilsey había alcanzado el mayor placer que se podía conocer…Charlie se desvanecía en el escenario antes de pronunciar la última sílaba de su canción. El foco de luz lo iluminó, sus ojos se tornaron en blanco, el bar fue invadido por la desolación.
Allí estaba Charlie, muerto con su guitarra en los brazos. El río continuó su marcha, esta vez uno de los troncos que flotaban en la superficie iba a parar a lo más profundo de las aguas.

lunes 28 de abril de 2008

Misisipi Parte II


Las maderas del puente crujían sin sentir el menor remordimiento. Charlie no soportaba el calor de los caminos desiertos que se levantaban orgullosos paralelos al río.
Una piedra llamaba gritando polvo al trasero cansado de aquel flaco.
Si no me siento a descansar no llegaré vivo al bar. Los paisajes del viejo Misisipi invadían de nostalgia al joven Charlie, los árboles, los presos construyendo carreteras, los pantanos, las libélulas al anochecer. ¿Cómo podía sentir semejante angustia ante tanta belleza? Encendió otro cigarro, él último que le quedaba. Ni un alma se dejaba ver por aquellos parajes. El puente sombrío crujía cada vez con más fuerza, como si un soplido fuese capaz de derribarlo. Blues, tocar el blues mejor que nadie, no sería capaz, seguramente hubiese otra alma virtuosa con la capacidad innata en su sangre para tocar la guitarra ¡Y no era él! Si se hubiese encontrado al diablo en aquel preciso instante, no lo habría dudado dos veces, habría firmado, habría vendido su alma a cambio de tocar blues mejor que nadie.
Unos pasos lo bajaron de su mente, se acercaba alguien, una sombra caminante pisaba el caliente suelo de madera, sus tranquilos ojos sólo podían apreciar una sombra en la lejanía. Charlie no acertaba a reconocer a nadie, como si aquella figura no existiese, como si su rostro estuviese difuminado. A medida que aquellos pasos estaban más cerca pudo comprobar que se trataba de un hombre, de piel blanca y mediana edad, iba acompañado de un perro con señales de una vejez que se pudría.
El hombre tenía un semblante seguro, Charlie creyó que vestía muy elegantemente. Traje blanco sin ninguna arruga, pañuelo rojo asomándole por el cuello y una mascota del mismo color que las nubes le daban un aspecto realmente peculiar. El perro lo seguía salpicando gotas de saliva al ritmo de sus latidos.
De repente la angustia se hizo más insoportable que nunca, el hombre miró a Charlie, se detuvo ante él. Le sonrió amablemente. Un silencio rodeó el lugar, como si el mundo se hubiese detenido en aquel preciso instante. Los pájaros no cantaban, el viento no soplaba, los árboles fueron testigos mudos de lo que allí ocurría. Charlie miró hacia el río, estaba quieto, en calma, habría jurado que todo estaba congelado. Giró la cabeza y observó el pañuelo rojo de aquel tipo.
-¿Te gustaría tocar blues mejor que nadie verdad Charlie?- Dijo el extraño entre dejando ver sus expresivos dientes. Todo se hizo tinieblas, Charlie creía no conocer al hombre que había aparecido de la nada bajo aquel puente rojo.
- Perdone, ¿Nos conocemos?
-Claro que sí, te he visto crecer hijo, y realmente me parecería extraño que no hubieses oído hablar de mí.
-Bueno, si me dice su nombre tal vez pueda recordar algo.
-Mi nombre es lo de menos, me llaman de tantas maneras que ya ni me importa. ¿Sientes angustia verdad?- Quitándose el sombrero rascó su pelo suavemente.
-¿Cómo…?
-Shhhh, no digas nada Charlie, no he venido aquí para eso. Verás, soy como una especie de cazatalentos, tú me ofreces tu esencia, tu garra, tu espíritu tocando música, y yo a cambio te aseguro que el mundo entero oirá de tus manos el mejor blues de esta tierra.
-¿Me está ofreciendo un contrato?
-Algo más que eso chico, te estoy ofreciendo un mundo lleno de posibilidades, una vida llena de placeres.
-Mi alma…
-¿Cómo dices chico?
-¿Quiere mi alma a cambio de darme el talento de tocar el mejor blues de este mundo?-Una suave sonrisa apareció de nuevo en el rostro de aquel desconocido. Charlie no alcanzaba a comprender lo irónico de aquella situación. Un tipo al cual no conocía de nada aseguraba darle la posibilidad de ver cumplido su mayor deseo, tocando su música, y de manera tan perfecta haría desaparecer de forma abismal la angustia que durante tanto tiempo le había estado persiguiendo. ¿Pero quien era ese tipo? Seguramente un loco excéntrico que lo había visto actuar una de las noches anteriores en el bar de Joe.
Mirando al perro, Charlie dejó escapar una irónica carcajada, aquella situación le parecía divertida. Llevando sus ojos hacia el rostro pulcro de aquel extraño tipo preguntó-¿Dónde hay que firmar?-