miércoles, 8 de octubre de 2008

El desconocido



A tí te da exactamente igual todo, no puedo contar contigo para nada. Me ves encerrada en mi habitación llorando y ni siquiera te molestas en preguntar como me encuentro, en sentarte a mi lado para cogerme la mano. Vives siempre a lo tuyo, ¡No te inquietes! vaya a estropearse tu pacífica tarde.- Aquellas fueron las últimas palabras de Clara antes de cerrar la puerta con la ira de una tormenta.
Simón, que apenas se había enterado del por qué de aquella discusión seguia sentado en su mesa de trabajo, preguntándose si realmente era una mala persona, si en realidad le importaba un cuerno los sentimientos de ella y de todas aquellos a los que supuestamente quería. Tras un rato de reflexión se dió cuenta que no, que él no era cruel con el mundo, que no serviría jamás para interpretar el papel del personaje malvado.
Todo aquello venía de atrás, de tiempos remotos. Supuso que la frontera entre el sentir y el no sentir estaba muy difuminada. Simón era demasiado sensible, demasiado débil para enfrentarse con este mundo tan demencial. No podía evitarlo, cada vez que veía a una persona sufrir miraba hacia otro lado. Ya le habia pasado cuando en televisión emitian aquellos anuncios de niños sucios pasando hambre en alguna esquina maltrecha del planeta. También recordó el dia en que recibió la noticia de la muerte de su hermano, torpemente esbozó una sonrisa, su organísmo se bloqueaba ante las tragedias, no sabía como comportarse, como actuar ante una calamidad de aquel calibre.
Por eso escribía, era la única manera de reconciliarse con la vida, de dar una explicación sincera a todo aquello que explotaba en su interior. Miró la tapa de su última novela, estaba recien salida de la imprenta, una estupenda cubierta de cuero envolvía el manuscrito. "El desconocido" Aquel era el título de la obra, tenía toda la pinta de convertirse en un exito nacional. Su anterior libro habia sido una bomba en ventas, no entendía el por qué, tal vez fuese el escritor de moda. De lo que Simón estaba seguro es de que ni siquiera su lector más fiel sería capaz de entender una mísera palabra del contenido que realmente envolvian las letras de sus obras.
Personajes urbanos siempre, recorrían ciudades de un lado a otro realizando acciones mediocres, limpiando cristales, repartiendo latas de refrescos, cortando carne...ni uno de aquellos miserables prototipos de papel se salvaba de la sucia mediocridad contemporánea. Habían nacido según Simón con un único objetivo, trabajar y morir, lo que hiciesen mientras tanto no importaba. Si, toda aquella fantasía salida de la mente del autor no era más que una patraña, pues ni siquiera en sus peores momentos podía recordar una vida tan desdichada. Simón siempre habia disfrutado de una posición acomodada, papá era jefe de una importante empresa de automóviles y mamá, bueno, mamá era pintora, tal vez de ella había heredado su peculiar sentido artístico. Aunque odiase la palabra, el propio Simón se consideraba un snob, un gilipollas criado en un ambiente elitista gobernado por cerdos, por cerdos mentirosos, no muy diferentes a aquellos que poblaban las películas de fantasía y que iban vestidos con traje chaqueta.
En aquel preciso instante encendió el ordenador, Clara trasteaba al fondo, seguramente estaría buscando sus pastillas. Simón comenzó a teclear escribiendo sobre un inmenso monitor de alta definición. Aquel equipo le había costado un riñón, seguramente con ese dinero podría haber pagado la educación y salud de uno de aquellos mocosos de la televisión. ¡Pero que le importaba! Él era un escritor de exito y debía seguir alimentando aquel personaje de ficción que había creado. Frío, cínico, distante... esa era la impresión que debia dar cada vez que alguien lo entrevistaba. Su imagen pública era lo más importante, por eso siempre había fumado tabaco de liar, él lo consideraba un ejercicio de estilo, desde joven siempre habia pensado que aquello quedaba bien ¡Por Dios! Un joven escritor no puede fumar tabaco de paquete ¿Y donde vas con esos botines de oferta? Si quieres escribir o quieres ser un tipo carismático debes llevar unas converse desatadas, no olvides la barba de varios dias y un pendiente no demasiado llamativo en una oreja. Todo esto son pequeños detalles, pero lo del tabaco es primordial. Sobre todo, pon especial atención al liarlo, que todo el mundo vea bien como lo haces para que se percaten de que eres diferente al resto.
Fue de aquella forma como conoció a Clara, sentado en un banco del instituto liando un cigarro, (aunque por aquella época ella se hacia llamar Klara) era igual de hermosa que ahora.
-¿Hola?- Gritó ella con un brillo inocente en los ojos. Llevaba el pelo cortado como un chico y por supuesto unas converse color rojo chillón.
-Hola, ¿Qué tal?- Respondió Simón con especial indiferencia.
-¿Tienes un papel por ahí?- ¡Estupendo!, aquella chica era como él, poseía la suficiente artificialidad como para encandilarla con dos palabras. Miró en sus bolsillos y sacó el papel, mientras lo hacía se percató de que ella llevaba bordado un parche de tela en el pantalón. "Smells Like Teen Spirit" leyó Simón en voz alta.
-Decididamente Bleach siempre será mejor disco que Nevermind.
-¿Pero que dices hombre? ¡Serás la única persona sobre la corteza terrestre que piense de esa manera!- Realmente Simón no tenía ni pajolera idea sobre la discografía de Nirvana, lo que si tenía claro es que aquella chica poseía un encanto especial, y si no lanzaba algún comentario alusivo al Grunge, en primer lugar dejaría en evidencia su peculiar forma de vestir y en segundo, permitiría que Klara saliese volando en cuanto hubiese conseguido el ansiado papel que buscaba.

lunes, 6 de octubre de 2008

Greta, corazón de latón. Final



La luna aparecía por el horizonte esmaltada en brillo. Greta quedó perpleja, como si nunca hubiese visto nada igual. Lo cierto es que era la primera vez que su disco duro almazenaba la información de una luna completamente iluminada y de una belleza tan abrumadora.
-¿Qué tal si vamos al restaurante de la calle doce?- Exclamó Don Jacinto mientras agarraba la mano suave y lisa de Greta. Las calles iban quedando vacías y la noche prometía fría y cruel con todo aquel que se aventurase a pasar las horas en la interperie.
-Preferiría ir a casa papá, te prepararía una suculenta cena y después dormiriamos abrazados toda la noche- Aquella idea iluminó por completo el rostro de Don Jacinto, ¡al demonio el restaurante y sus romanticismos pasados de rosca! Esa noche la pasarían en casa juntos, al fin y al cabo no podía ser peor que todas aquellas madrugadas en las que era acompañado únicamente por el estruendo de la soledad.
Cogieron el primer taxi que pasó por la avenida principal y volvieron a casa. Greta se puso el delantal y cocinó amorosamente para su cliente, perdón, quise decir para su amado.
El tiempo pasaba, la televisión iba exponiendo toda su programación al completo, unas veces gritaba, otras veces callaba, pero por lo general molestaba a Don Jacinto.
-¿Qué tal un poco de música?- Dijo esté mientras se incorporaba del viejo sillón situado frente a la bodega. Greta se encaminó hacia el sofá y descalza acarició su pelo mientras esperaba dulcemente las primeras melodias que invadirían la estancia.
-Etta James, tengo muchos discos de Jazz y blues ¿Sabes? Pero ahora quiero escuchar una canción que siempre me emocionó cuando estaba solo y que deseo compartir contigo- Explicó Don Jacinto con cierto tonto patético en sus formas. Greta lo miró entusiasmada, al fin y al cabo estaba programada para eso.
Don Jacinto agarró la aguja y la presionó contra aquel disco de vinilo antiguo de colección. Una voz femenina desgarradora embriagó el momento.

At last my love has come along
My lonely days are over
And life is like a song
At last the skies above are blue
And my heart was wrapped up in clover
The night I looked at youI found a dream that
I can speak toA dream that
I could call my ownI found a thrill to press my cheek to
A thrill that I have never known
You smiled, and then the spell was cast
And here we are in heavenAnd you are mine at last

Don Jacinto, dominado por la pasión se acercó a Greta como si de un principe azul se tratara. No importaba en absoluto que éste se encontrase en el ocaso de su vida, de que todas las tardes llamasen a casa las operadoras de seguros preveniéndole de que su existencia se acababa, de que seguramente ya sería aceptado como miembro de honor en el IMSERSO y de que en el metro los jóvenes le cediesen el asiento llamándole abuelo.¿Qué coño importaba ahora eso? Aunque se estuviese autoengañando a si mismo se sentía feliz, no recordaba ni a su ex mujer ni a sus hijos, egoistas y olvidados completamente del hombre que les había dado la vida.
Greta levantándose del sofá se acercó cuidadosamente, la canción gritaba un suspiro en una mezcolanza de dolor y alegría. Envolvía sus cuerpos, uno repleto de corazón y el otro de cables metálicos. Juntos, estaban juntos, agarrados el uno al otro, en mitad de un abismo demencial, iluminados por una desdichada luz que se apagaba.


The night I looked at youI found a dream that

I can speak toA dream that I could call my own


Seguramente aquel podía ser el momento más cinematográfico en la gastada vida de Don Jacinto. Gretá acarició la espesa y blanca barba de su viejo amor activándosele automáticamente el modo "lágrima" que en cuestión de segundos creó una diminuta y falsa gota de agua que salía al exterior desde uno de los expresivos y artificiales ojos del androide. El disco llegaba al final irremediablemente, la canción se apagaba con suavidad en contraste con el corazón de Don Jacinto que dejaba de latir a un ritmo desenfrenado...


You smiled, and then the spell was cast

And here we are in heavenAnd you are mine at last


Con la última frase se acababa la vida, con una voz de mujer sobre música debastadora se desvaneció el pobre viejo en brazos de una máquina fría y embaucadora. Aquello era un infarto, pero Greta lógicamente no sabía que ocurría. Don Jacinto caia muerto sobre la moqueta habiendo disfrutado de su último baile como nunca lo había hecho en su más nostalgica juventud. Su cadáver permanecería allí, tumbado en la misma posición durante tres largos dias, la memoria de Greta, sólo funcionaba con la respuesta inmediata preparada a los estímulos sonoros de las cuerdas vocales de Don Jacinto.
Semanas después los bomberos derribaron la puerta de la casa, los vecinos habian dado el aviso alarmados por el fuerte olor. Descompuesto, Don Jacinto se pudría en soledad, Greta, sentada en el sofá repetia una y otra vez la misa palabra -¿Papá, papá?- El sistema automático se habia conectado para buscar desesperadamente respuesta humana. Uno de los bomberos miró la estampa, en su interior un escalofrío le recorrió la espalda. ¿Y si el acababa igual? ¡No, esas cosas no pasan! El cuerpo de Don Jacinto fue envuelto en sábanas con extremo cuidado. El bombero miró al androide y salío del lugar.


domingo, 28 de septiembre de 2008

Secuencia Cortometraje

Parece que esta vez es la definitiva, y podemos decir que tenemos un cortometraje practicamente acabado entremanos porque a las pruebas nos remitimos, ya poseemos más de una secuencia completamente acabada en postproducción.

La historia es de lo más simple, y es un homenaje a los grandes cineastas del cine negro de los últimos 20 años. Esta secuencia presenta a uno de los personajes femeninos "asesina a sueldo" que mata a sus víctimas a través de unas técnicas de lo más especiales.

Esperamos presentar nuestro humilde corto acabado en cuestión de semanas.

miércoles, 17 de septiembre de 2008

Greta, corazón de latón. Parte III



Un largo pasillo de flores muertas, imagen grabada en la retina de Don Jacinto que hasta a día de hoy continua atrayéndole y horrorizándole al mismo tiempo. Camposanto únicamente iluminado por la frialdad de la luna ¿Pero que hago yo aquí? Se preguntaba por cada aliento que expulsaba mientras en sus manos portaba la vieja grabadora de sonido. El negro, aquel fue el color predominante en un cementerio en el que ni siquiera los cipreses olían a vida.¡A si, ya lo recuerdo, estoy aquí por ella, por Gloria! ¡Por sus muslos, por su piel suave y por la madre que la parió! El bueno de Jacinto esperaba al menos que cuando saliera de aquel infierno recibiera un apasionado beso como sólo había podido ver hasta entonces en las salas de cine del pueblo.
Tras cinco minutos de carrera y corazón luchando por salir de las entrañas, el joven Jacinto es sorprendido por un extraordinario ángel de piedra. Sobrecogedora lápida le da la bienvenida, a pesar del miedo que siente puede leer la inscripción tallada en el frío mármol. "María Elena Luna" nacida el veintitres de marzo de mil novecientos setenta y dos y fallecida a la edad de catorce años el quince de abril de mil novecientos ochenta y seis. "Corre imbécil, corre" Es lo único que Jacinto puede escuchar en su interior, dejando la grabadora sobre la tumba de la niña sale despavorido sin pensar en nada ni en nadie antes de volver a cruzar los jardines y saltar el muro blanco como sólo un atleta del África occidental, habría sido capaz de hacer. A la salida le esperan todos con rostros de idolatría, todos salvo Gabriel, que lo mira inevitablemente con el dolor miserable de un perdedor que sufre de humillación. Pero al joven Jacinto lo único que le importa es el abrazo que recibe de Gloria, su piel rozando desnuda contra la suya y sus superlativos pechos recordándole que aquello de visitar el inframundo ha merecido la pena. Ni que decir tiene, que todo quedó allí, aquella noche, en aquel lugar, sería la última vez que abrazaría a Gloria. Poco después ésta no sería más que un nombre en la larga lista de amantes juveniles del pérfido Gabriel.
Don Jacinto dió un golpe hueco y seguro contra uno de los muebles oxidados del baño- ¡Maldita sea! ¿Por qué? ¿Por qué a él le había tocado asumir siempre el papel de perdedor? Estaba seguro de que en la vida también se podía ganar, que ya sea por el camino del bien o por el camino del mal, el hombre es capaz de triunfar si se lo propone ¿Entonces?¿Qué le había llevado al fracaso más rotundo en todos los aspectos de su existencia? La cosa estaba clara, su tendencia autodestructiva que tanto había disfrutado en sus años de juventud y que seguramente le acompañaría hasta el fin de sus días.-¿Bueno, pero y qué?
Ahora tengo a Greta y puedo ser el hombre más feliz del mundo sin ni siquiera proponermelo. Se acabó, ya ninguna mujer será capaz de meterme en el más oscuros de los cementerios.
A las dos y medía de la tarde Greta y Don Jacinto se encontraban en la librería de la calle principal. Sección de filosofía ella, sección de cine él. ¡Quién se lo iba a decir! Su amor de madurez visitando los estantes del fondo, sí, aquellos que se agolpaban en la sección de matafísica. Durante años Don Jacinto había paseado por delante de aquellos libros siendo él único tal vez que se proponía abrirlos y leerlos. Claro que también en alguna que otra ocasión se había topado con seres de su misma condición, hombres mayores con aspecto desaliñado, barba y pelo blanco.
En los últimos años, (sobre todo desde que la RoboticCorporation había establecido varías sedes en el país) era muy normal encontrarse por la calle con parejas extraordinarias. Abundaban los hombres pequeños, calvos y raquíticos acompañados de grandes bellezas rubias de pechos neumáticos. La gente tenía mal gusto sin duda, ¡que ropa, que peinados, que mujeres! No cabía duda de que aquellas féminas apasionadas pertenecían a la estirpe de la piel sintética, como Greta, y que todos aquellos hombrecillos, los mismos que visitaban los estantes sobre metafísica años antes, habían dejado sus aficiones literarias por aquellas otras mucho más libertinas. Y es que, si hace treinta años se hubiese hablado de relaciones sexuales entre hombres y máquinas los habrían tomado por locos.
Don Jacinto agarró a Greta de la mano, habían salido de la librería por una de las calles comerciales más concurridas de la ciudad, hacía una tarde agradable y el olor a dulces se dejaba escapar por una de las tiendas de golosinas. Fue al girar la esquina cuando fueron a topar con una de estas parejas disparatas.
-¡Señor Troncoso!- Gritó Don Jacinto maravillado.
-¿ Don Jacinto? ¡Oh, que grata sorpresa!- Exclamó el hombrecillo de baja estatura con el cual fueron a parar.
-¿Cómo tu por aquí? Creí que habías abandonado la ciudad hacía unos meses.
-Así fue, pero ¿sabes? Mi esposa murió no hace mucho y me encontraba demasiado solo en aquella metropolis tan desconocida y grande para mi. Necesitaba volver a mis raices, al barrio donde al fin y al cabo me crié. El Señor Troncoso era el conserje del último colegio donde Don Jacinto daba clases. Hombre mayor y entrañable siempre había poseido un encanto natural y campechano con el resto de personas, claro que ese encanto jamás le habría servido para llevar a su lado la belleza que en aquel preciso instante agarraba su brazo.
-¿Y ella es? ¿Es que no me la vas a presentar?- Exclamó Don Jacinto con un tono irónico pintado en el rostro. Aquella mujer era de ese tipo de féminas que poblaban las revistas eróticas de los años noventa. Seguramente podría haber protagonizado cualquier capítulo de la mítica serie "Los vigilantes de la playa". El bañador rojo le sentaría de maravilla.
-Perdona viejo compañero, ella es Irene- Don Jacinto la saludó con solemnidad. De sobra sabía que se trataba de un androide, pero ni se le ocurría mencionarlo en público. En aquella sociedad fría e hipócrita nadie hablaba de las relaciones entre humanos y robots, era tema tabú, prohibido y generalmente vergonzoso para una raza humana que por cada paso que daba iba olvidando la verdadera esencia del amor.
Encantado Irene, me agrada mucho conocerla, ella es Greta.- Las dos androides se saludaron besándose en las mejillas con una ingenuidad asombrasa. Aquello provocó un sentimiendo de lástima que recorrió las venas del profesor. Lo que más desgarraba el corazón de Don Jacinto es que aquellas máquinas nunca serían capaces de preguntarse por ellas mismas, por su origen y por el lugar que estaban ocupando en el mundo.

lunes, 25 de agosto de 2008

Greta, corazón de latón. Parte II



-¡Greta, oh Greta! Sólo tú eres mi rayo de esperanza, no me dejes, soy viejo y estoy gordo, no es justo, aun me quedan cuarenta años de vida y tengo derecho a disfrutarlos ¿verdad? Nadie debe morir antes de tiempo, nadie debe morir cuando el corazón aun sigue latiendo.- Don Jacinto recitaba estas palabras mirando el cuerpo fibroso del androide, sabía que nadie lo escuchaba pero tener allí, justo a su lado, una silueta humana le reconfortaba, le llenaba de vitalidad y sentía que podría confiar todos sus secretos. Antes de terminar la operación de inicio, Don Jacinto leyó las últimas instrucciones, en el hueco del mando pedía el nombre con el que este gustaría ser llamado por el androide. "Papá", eso es...papá, justamente aquella sería la palabra con la que su nueva esposa Greta llamaría cariñosamente a Don Jacinto, él lo había decidido así y de aquella forma debía ser. Ahora sólo cabía esperar, cenar e irse a la cama, según el panfleto por la mañana el androide estaría perfectamente operativo, es más, si todo iba bien Greta sería quien le despertara y le preparase el desayuno. En realidad no deseaba una esclava, deseaba una mujer, una persona que le comprendiese y de paso calentase su cama. En aquella época tan jodida para algunos como es cumplir los cincuenta, la soledad podía ser un tormento.
-¡Buenos días papá!- El sol entraba por la ventana, Don Jacinto y su pijama de rayas eran visiblemente patéticos cuando despertaban, pero Greta afortunadamente no entendía de pudor, al fin y al cabo era una máquina y estaba diseñada para complacer. Una buena tostada bañada en aceite y café caliente componían un desayuno que la ex mujer de Don Jacinto jamás habría preparado con el mínimo de los cuidados.
-¿Greta?- Preguntó nuestro envejecido profesor a su nueva adquisición electrónica
-¿Qué te ocurre papá?¿Es que no te encuentras bien?
-¡Oh, para nada cariño! Estoy mejor que nunca, sobre todo contigo a mi lado.- Con estas palabras el rostro de Greta se vuelve sorprendentemente cándido, y sus brazos compuestos de piel sintética, acarician los hombros del viejo formando una extraña imagen.
-¿Quieres el periódico?
-¡No, no! Por favor...- El viejo Jacinto aun no daba crédito a aquella situación que hacia tantísimo tiempo había dejado de experimentar. Miró al androide de pies a cabeza y la metió en su cama. Ahora quería hacer la prueba definitiva, debía comprobar si era cierto aquello que decían en los anuncios de televisión, si acostarse con un androide era igual o incluso mejor que con un humano. El caso es que eran las nueve de la mañana y él ya no era una chaval, podía esperar a que las estrellas iluminasen de nuevo su habitación para retozar junto a su nuevo amor.-Oye Greta, ¿Qué te parece si me doy una ducha y te llevo de compras?
-¿De verdad papá? ¡Oh me haría tanta ilusión! ¿Sabes?,estoy deseando leer el último libro que escribió Stephen Hawking. Quedé realmente confusa con una de sus teorías más polémicas ¿Sabías que en los agujeros negros se viola el segundo principio de la termodinámica?, lo que dió pie a grandes especulaciones sobre viajes en el espacio-tiempo y agujeros de gusano...- Don Jacinto en aquel momento no sabía que sentir, por un lado le asaltaba el entusiasmo de estar ante una mujer de gran belleza física y capaz de interesarse por temas tan variopintos como la revolución copernicana o el paradigma darwiniano, pero por el otro todo le resultó tan artificial, aquella mujer, aquella máquina había sido programada con todos los conocimientos posibles para satisfacer al cliente, un cliente que no dejaba de ser él por mucho que se engañase.
-Greta, puedes ir terminando de arreglarte si quieres mientras yo me afeito.
-¡Vamos papá! ¿Lo olvidabas? Yo soy la mujer perfecta, ya estoy arreglada, no vas a tener que esperarme en absoluto.
-Vaya, soy un hombre afortunado.
-Eres el mejor hombre del mundo, por eso te quiero tanto- Aquellas palabras si le habían atravesado el alma, era justamente lo que siempre había querido escuchar y sólo había podido conformarse con imaginar.
El espejo del baño aun estaba rajado, el golpe fue de la última vez que él y su ex mujer habían discutido. Quince años de casados, hacía ya cinco que se habían divorciado. Laura que así era como se llama la madre sus hijos había sido sin duda una de las mujeres más importantes en su vida, pero el tiempo y la desidia habían convertido su matrimonio en un fracaso rotundo. Mientras tocaba su espesa y blanca barba Don Jacinto recordó el papel tan importante que habían ejercido las féminas desde que apenas era un niño. Ya en la escuela de primaria había recibido algún que otro golpe de las chicas a las que perseguía para verles las bragas, por no hablar de sus años de adolescencia, años que por cierto prefiere guardar en un cajón. Aun recuerda la fatídica noche del cementerio, si hacía un esfuerzo podía incluso memorizar el año, agosto de 2002, el tenía por entonces unos 15 años, al pueblo había llegado una chica nueva llamada Gloria, sus amigos y él quedaron entusiasmados con la idea de que esta hubiese entrado en la misma clase que ellos. Don Jacinto no podía evitar el recordar a aquella muchacha como el auténtico despertar de su fuego interior, pelo negro, ojos de enorme brillo y muslos increiblemente femeninos ¡que caderas!
-¿Por qué no vamos esta noche al cementerio en busca de las voces de los muertos?- Dijo la joven y peligrosa Gloria. Aquella chica desde luego no podía ser como las demás, es por ello que Don Jacinto quedó tan abrumado con su presencia.
-¿Al cementerio? ¿Pero quieres ir de noche?- Respondió otro de los muchachos que componía aquel grupo de flacos y feos estudiantes.
-Claro estupido, vamos con una grabadora y la dejamos encima de una lápida, así podemos volver al día siguiente y escuchar los mensajes de los espectros...
-¡A mi me parece genial!- Dijo Don Jacinto, que por aquella época era mucho más entusiasta que hoy.
-¡Callate gilipollas!- Le contestó Gabriel, un joven de su misma calle, que por que no decirlo lo doblaba en altura y musculatura.
-¡Chicos, chicos no os peleis! ¿Vamos a ir o no?- En aquel momento todos se miraron, nadie tenía el valor suficiente para entrar en aquel lugubre camposanto, pero ser más cobardes que una chica les pareció una ofensa peor. A las doce en punto de aquella misma noche, los mismos que habían estado parloteando en la plaza de la fuente se encontraban ahora justo delante de la gran muralla blanca e imponente que cubría los cipreses de aquel decadente y osucro lugar.
-¿Habeís traido la grabadora?- Preguntó la dulce y angelical Gloria
-Lo siento, no teníamos, lo único que hemos encontrado es esto. El bajito y redondo Antonio dejó ver un viejo e inmenso aparato de radio que ni siquiera en su época debió ser moderno.Todos se miraron con cara de resignación.
-Está bien, ¿Quién va?- Preguntó la chica- El silencio se apoderó del lugar, todos miraron hacia el suelo intentando evitar la situacion. Pero allí estaba el joven Jacinto, con las hormonas gritando, manifestándose con pancartas y gimoteando a los cuatro vientos- ¡Mira que piernas, llevatela a la cama! ¡Hazte el valiente, merecerá la pena, sólo es un cementerio, cuando vuelvas estará loca por ti!
-¡Yo voy!- Dijo Jacinto sin estar aun seguro de lo que quería hacer. Gabriel lo miró furioso, no podía permitir que un canijo fuese más valiente que él, pero al mismo tiempo pensó en como debía ser estar en mitad de aquel cementerio solo y perdido

martes, 29 de julio de 2008

Greta, corazón de latón



Sentado en su viejo sillón de mimbre miraba inquieto aquella caja de madera que descansaba frente al televisor.
Había estado esperando ese momento desde hacía tanto tiempo que ahora no estaba seguro de dar el último paso.
¿Y si retrocedía? ¿Y si llamaba al servicio de correos y les decía que aquel pedido no era para él? ¡Que se habían equivocado!
Don Jacinto, que así era como lo llamaban sus alumnos vivía en una pequeña casita adosada a las afueras de la ciudad. Profesor de literatura, estaba divorciado y tenía dos hijos de veinte y dieciocho años Su pelo blanquecino le recorría desde la coronilla hasta la parte baja del cuello, un bigote alargado y bien peinado le daba un aspecto extravagante que lo hacía parecerse a los grandes pensadores del siglo XIX.
Distraido, miraba con el rostro perdido las estanterías llenas de libros y por que no decirlo, de polvo que rodeaban toda la estancia. Hombre siempre muy ordenado, tenía archivados todos aquellos recuerdos del pasado con étiquetas fabricadas por él mismo. A la derecha se podía buscar cualquier novela hispanoamericana, en la parte izquierda y junto a la ventana, las obras universales de la literatura alemana descansaban con un aire de majestuosidad que ya nadie apreciaba.
Aquellas palabras estaban muertas, todos sus libros estaban vacíos, el silencio de la escritura no provocaba más que dolor de oidos. Se recordaba a sí mismo en medio de una de sus clases recitando los versos del viejo Baudelaire sin ser atendido por nada ni nadie...cómo habría deseado tener alas y salir volando de aquella escuela mediocre.
Volvió a mirar la caja, calculando su altura pensó que tal vez fuese demasiado alta. Debía medir al menos dos metros de altura. En el exterior la palabra "frágil" la protegía de cualquier golpe externo. ¡Dios mio, la tenía allí delante! ¡Al fin! Ahora sentía miedo, por un lado ardía en deseos de abrir ese gran envoltorio que tapaba su vista, pero por el otro el terror se apoderaba de él. ¿Sería tan real como decían? ¿Qué le diría a sus amigos sobre el lugar de donde había salido? Pensándolo bien nada importaba ¡él no tenía amigos!
Decidido puso los pies tensos y estirados, abandonó el sillón y con paso seguro se dirigió hacia la caja, dos grandes lenguetas cerraban con seguridad aquel envoltorio. Apenas llegaba a la parte superior, su estatura nunca había sido muy alta, es por ello que temía que le superase en altura...eso habría sido un error, habría jurado que en el impreso de solicitud había pedido una estatura no superior al metro sesenta y dos. En fin, aquello lo comprobaría de inmediato.
Al abrir las lenguetas un escalofrío aterrador le recorrió el estómago ¿Dejaría de sentir de una vez por todas aquel horrible sentimiento de soledad? No, realmente no creia que nada de eso pudiera suceder,el mundo era oscuro y solitario, la vida un devenir constante que acababa con un último suspiro sin esperanza¿Qué salida había pues?
¡Resignación! Justo entonces pensó que debía quemar todos los libros de Schopenauer.
Dejando todas sus teorias pesimistas sobre la vida tiró el plástico de burbujas que cubría una caja que ya desde dentro se notaba fuerte y duradera. Un crital envolvía la parte interior.Transparente, se observaba una silueta en su interior, distorsionada por las pompas de aire aun no podía observar claramente los detalles de aquel, su último rayo de esperanza.
Don Jacinto respiró profundamente y decidió retirar definitvamente toda la sábana de plástico...¡Allí estaba! delante de sus humedecidos ojos ¡Era tan hermosa como jamás habría podido imaginar! Efectivamente su altura no superaba el metro sesenta y dos, lo indicaba un panel lateral con una flecha roja donde venían impresas las medidas.
Sus ojos permanecían cerrados, como si aun no hubiese nacido, como si aun no fuese consciente de lo que era el mundo.
¿Qué hacer en aquel preciso instante? ¿Cómo activarla? Las instrucciones que miró detalladamente no venían en castellano, con su torpe manejo del inglés Don Jacinto retiró todos los cartones de alrededor y buscó en la parte trasera del androide el botón de inicio. Este se encontraba justo en la zona del orificio auditivo.
Un mando a distancia servía de memoria para dar vida a aquel cuerpo aun yerto. "Name" eso decía con letras de imprenta la dichosa pantalla verde del mando. En aquel hueco debía escribir el nombre al que respondería aquella mujer artificial, aquel magnífico cuerpo que aunque falso, sería el deseo carnal de cualquier hombre terrestre.
-Greta, asi te llamaré- Dijo Don Jacinto mientras apretaba discretamente el botón. En ese instante la miró a los ojos, aun cerrados estaban a punto de hacer todos sus deseos realidad. Un cabello negro y suave le llegaba hasta la parte baja del cuello. Rostro fino y piernas largas, tenía una piel no demasiado morena, siempre le habían atraido las mujeres de piel blanca.
Al hablar con el ingeniero le pidió que tuviese cierto parecido a Marlene Dietrich, estuvo dudando si hubiera preferido el rostro casi angelical de Michelle Pfeiffer pero tras ver en el último ciclo de cine "Sed de mal" no lo dudó dos veces, pasaría el resto de sus dias junto a una mujer idéntica en belleza a su idolatrada actriz de los años cincuenta.
Greta vestía un traje negro de gala y un collar de perlas blanco.Don Jacinto creia que aquella indumentaria era inadecuada y ridícula, pero la empresa encargada de fabricar los androides los empaquetaba a todos vistiéndolos de la misma forma. Afortunadamente, la tarde anterior, Don Jacinto se había preocupado de comprar varias prendas femeninas a su gusto para vestir la que iba a ser su nueva compañera de ilusiones.

martes, 15 de julio de 2008

Divagaciones de un misántropo sentimental. Final.



-¿Otros asuntos?
-Exacto, son muchos los temas que te preocupan...
-Si bueno, como a todos supongo.
-No lo creas, ahora el mundo vive despreocupado, ensimismado y falsamente comprometido.
-Aun así no creo que sea el único viviente del planeta comprometido con la causa.
-¿La causa? No te confundas Dante, tu no estás comprometido con nada ni con nadie, pero tranquilo, no he venido hasta aquí para juzgarte, es completamente normal que estés infectado por el germen del mundo posmoderno.
-¿El germen del mundo posmoderno? ¿Es algo así como una enfermedad contraida por el mordisco de un zombie?
-Más o menos si, estás infestado. Mirate bien, crees que eres especial, y ciertamente hay algo en tí que parece inclinarse hacia ese lado del espíritu, todos son extraordinarios a su manera. Pedro es un tipo genial, con unos principios realmente honestos, pero trata a sus allegados con desprecio. Al igual que tu, lo odias todo, y no sólo al imbecil que habla de Unamuno, que realmente es odioso, pero no es ahí a donde quiero llegar... en el fondo lo que vengo a querer decirte es que estás en un estado de desencanto francamente preocupante.
-Lo se, lo se pero...
-¡Pero nada Dante! No puedes vivir con angustia, ¿Cómo la llamabas, angustia vital?
-Si
-¿ Por qué ese nombre?
-No lo se, creo que...no tengo una explicación concreta a ese malestar, simplemente es un peso, una carga que de vez en cuando se deja notar sobre mis espaldas. Es la tensión que todos sentimos al vivir, al rozar nuestra piel con el asfalto de la vida...
-Entiendo
-En definitva, es sentir el puto mundo cayendo sobre tus espaldas
-Experiencias vividas les llamo yo...
-Ernesto, no me gustaría importunar pero...esta conversación parece estar tomando tintes de libro de autoayuda
-Dante, sólo he venido a concienciarte, no a consolarte...he venido a llevarme conmigo la angustia a otro lugar
-¿De veras? ¡Volvería a vivir como un niño!
-Los niños también sufren, odio la visión paradisiaca de la infancia
-Cierto, tienes razón, no cambiaria los miedos de hoy por los de ayer...
-Dante, en resumen...¡Sobrevive!
-Necesito una mujer para eso
-¡No digas chorradas! Si la necesitas búscala, pero no te quedes sentado viendo pasar el mundo como si fuese una de tus películas...
-¿Y que hay de Beatriz?
-¿Beatriz?¿Es que no la oiste? Te dijo que mirases al futuro, que el ayer no se puede salvar...
-¿También estabas a mi lado cuando iba sólo por la calle?¿Eres mi ángel de la guarda?
-Últimamente me han asignado como tu tutor personal...
-¿Quién te manda, Dios?
-Algo así, si...
-¿Estás diciendome que Dios no existe?
-Ese tema está vetado. Es aquel del que nunca hablamos...
-¿Por qué? ¿Es un Dios cruel y vengador?
-No podemos decir nada Dante, son las reglas, lo siento. Lo que si puedo adelantarte es que olvides toda noción cristiana de forma humana.
-¿Es extraterrestre verdad?
-Sólo te diré que pienses en formas geométricas
-Lo sabía, una esfera perfecta que flota en el aire con rayos cósmicos...¿Me equivoco?
-Dante...
-Está bien, lo siento Ernesto.¡Ah, una última cosa!
-Dime
-¿Cómo te sientes tras ver tu rostro convertido en una marca de moda más?- Tras estas palabras la figura del Che se desvanece ante mi atónita e incrédula mirada. A mi alrededor todos me observan perplejos, bocas abiertas, ojos expresivos.
-¿Con quien hablabas?- Pregunta Sol visiblemente asustada...
La noche prosigue, la gente se pierde por callejones oscuros, las tres de la madrugada en el reloj del ayuntamiento. Pedro me mira, sabe que la velada está siendo un fracaso. Lo he dejado solo con esta nave de locos mientras yo mantenia una conversación esquizofrénica con uno de los mayores revolucionarios de la historia.
Andamos sin destino aparente, el sueño y la desesperación se apoderan de mi. Sol agarra de la mano al que dice ser su novio. Me mira, nos mira...
-¿Por qué no entramos en esta discoteca?
¿Discoteca? Pienso para mis adentros. No piso una desde la última noche que besé a Beatriz.¿Qué demonios voy a hacer yo en una discoteca? Es como entrar en un nuevo manicomio...
-¡Entremos!- Dice Pedro completamente convencido. Lo miro, sabe que no me apetece en absoluto encontrarme con el tumulto de la noche ¿Qué pretende?
Tres minutos más tarde estoy solo, con una Heineken en la mano, me encuentro rodeado de un ejercito de muertos vivientes que se mueve a un ritmo frenético. Pienso que podria ser peor, me gusta el local, está decorado con originalidad y tiene un aire retrofuturista que me hace recordar el erotismo de Barbarella.
¡Maldita sea! La palabra erotismo siempre fue ligada en mi mente al nombre de Beatriz. ¿Por qué no soy capaz de borrarla? ¡Debo borrar los recuerdos! ¡Debo matarlos! ¡Asesinarlos, masacrarlos, degollarlos!
Bebo prolongadamente de la botella que tengo en la mano. Miro hacia atrás, puedo ver a Pedro hablando con un compañero de clase. Vuelvo a beber, a mi izquierda Sol mueve velozmente los brazos, parece estar discutiendo. Las luces se encienden y se apagan, el sudor se palpa y entonces...
I saw her standing there...I saw her standing there...¡I saw her standing there! Es preciosa, morena, piel suave, aun no la he tocado pero estoy seguro de que es lo más parecido a un ángel. En una esquina, sola, mira hacia todos lados ¿Está esperando a alguien? Claro que si, te está esperando a ti Dante. Fijate, es ella, es tu deseo...
la canción de los Beatles suena en el aire, me ha visto, sabe que voy hacia ella y sonrie. Me tapo los ojos con el brazo, esa sonrisa desprende demasiada luz.
Estoy viviendo dentro del rock, estoy viviendo dentro de una letra musical, apenas tiene diecisiete años, su aspecto es incomparable, ¿Cómo pretendía yo bailar con otra? ¡Oh cuando la ví allí de pie!...El corazón gira sobre si mismo revolucionado. Ella no bailará con otro, estoy seguro. Con el paso firme cruzo el tumulto hasta llegar a su lado, sobre mí se imprime un ritmo lento. Le agarro la mano, y entonces el reloj del ayuntamiento comienza a girar, ya el tiempo no pesa, el tiempo es suave y ágil, las manecillas se mueven a una velocidad de vértigo, como sus pies y los mios bailando un twist.
La abrazo, ahora se que ya nunca bailaré con otra, ¡Oh cuando la vi allí de pie! Entonces me doy cuenta, me percato de que estoy sobreviviendo, de que el Che tenia razón, de que no me he hundido aferrado al infierno. ¿Y Beatriz? ¡Oh, Beatriz es esta chica! Beatriz son los amaneceres en la playa, los viernes a la salida del colegio y los regalos de una mañana en navidad. Beatriz es una vieja película clásica susurrandote emociónes al odio, la luz de Vermeer, los soles primaverales, los amigos, los poemas de Lope de Vega, el vino dulce y la cerveza fria en verano. Beatriz es un bello recuerdo, Beatriz es el arte en estado puro, ella era la vida y yo estaba completamente cegado. Porque el mundo no sólo era ruido y furia, porque el mundo tenía nombre de mujer.